El cuerpo que me nombra

El cuerpo que me nombra

I

Usted mi lengua,

y yo sus manos.

Dibujo su cuerpo de nieve,

duerme entre la blancura,

ardea ibis,

pájaro sagrado en mi desvelo.

Su melodía abraza las letras,

y hoy la noche nos rodea:

floreces

con tus largas piernas

y cabello hecho raíz.

La riego hasta llover.

Aunque aparente arreglarse,

tiene lo que atrae

a mi alma sedienta.

II

Mi flor infinita,

flor eterna,

tu belleza trasciende la flor

flor de estrella luminosa

en cada pétalo

así de bella

así de eterna

la vida en una flor

sagradas cordilleras

savia eterna

lluvia de esporas

cuerpo de luz.

Paloma de tierra 

con ojos de selva, 

con alas lila

ave imperial.

III

Sangre contenida

con tu lengua áspera

me limpias la herida, el temblor, el pulso,

mi sangre tibia se mezcla en tu boca

como un juramento silencioso.

La mitad de mi sangre te pertenece,

sangre de tu sangre,

tu piel respira en mi lengua

y se confunde en la mía.

Sangre y oxígeno,

oxígeno y deseo,

células que se buscan,

que se reconocen.

Tu cuerpo es la orilla

donde mi cuerpo se abre,

tu saliva me pronuncia,

me escribes con la lengua

como quien reza un secreto antiguo.

IV

Mar, cielo y tierra

Mi cuerpo y el tuyo

son un grimorio,

una espiral sin fin,

óxido verde, cobre,

ojos de malaquita,

fitomorfa de deseo.

Beso tus orquídeas

como una serpiente uróboros,

muerdo el pulso de tu raíz,

saboreo el agua que nace de ti.

En tus manos hay mares por explorar,

vas mojando los recuerdos

y en tus olas,

mis bragas se disuelven en sal.

Tu canción de agua eterna,

armonías que derramas,

mar dulce,

mar salado,

mar mujer,

mi orilla y mi abismo.

V

La selva en ti

 Tu aliento en mi espalda,

tus manos en mis escápulas,

mi piel como arcilla en tus manos,

con aroma de salvia blanca

y aceite de chocolate.

 

Creas en mí sustancias inflamables,

descubres mi alma que arde.

En mí quedan tus manos ardientes,

fuego eterno de Calcifer.