Un poco (muy) suya

Un poco (muy) suya

Me encuentro a mí misma

bajo el peso de su mirada;

y, por un momento,

me olvido de que soy mi propia persona:

todo lo que puedo pensar

es que quisiera ser un poco suya.

Suya, para hacer y deshacer;

para que sus manos exploren

cada centímetro de mí,

para que sus labios dejen marcas

donde sólo ella sepa encontrarlas.

Suya, para que arranque de mi boca

los sonidos que no he permitido

escuchar a nadie más,

para que se pierda

entre cada pliegue de mi piel.

Suya, para que me tome de la forma

en la que ella lo prefiera,

para convertirme en nada más que su juguete,

para que se divierta conmigo.

Suya, para que sus manos

se enreden en mi cabello

y su boca muerda mi vientre,

haciéndome llorar de dolor,

o de placer.

Suya, para que me llame como ella desee,

como a ella le plazca,

sin importar si jamás

menciona mi nombre,

y en su lugar todo lo que escucho

es la suavidad de su voz,

susurrándome al oído

que lo estoy haciendo bien.

Suya, para que se adentre

en lo más profundo de mi cuerpo

y reclame cada rincón como su propiedad,

para que lo único que abandone mis labios

sea su nombre,

al compás de más, más, más.

Suya, para dejarla hacer lo que quiera

con este cuerpo necesitado de su tacto.

Este cuerpo,

que le pertenece

desde mucho antes

de haberse entregado a ella.